La
Ley de la Memoria Histórica aprobada en el congreso presenta como
novedad la retirada de cualquier símbolo o nombre de calle franquistas y de
exaltación a la Guerra Civil en las ciudades españolas.
Esta
acción afecta a las Administraciones Públicas y Privadas. Si éstas
últimas, incluida la Iglesia, presentan una negativa a hacerlo se les retirarán
las subvenciones y ayudas del Gobierno.
Las
principales modificaciones del texto de esta ley se refieren a la
condena del régimen de Franco y a la “ilegitimidad” de los tribunales sin
garantías de la época y sus sentencias.
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